Carta del Navegante a los navegantes

En nombre del equipo de apoyo y en el mío propio, os envío esta carta sencilla que es para vosotros; navegantes de internet, navegantes de la vida, de la mar, de los sueños... 

Escribo éstas líneas tras haber hablado con mi admirado amigo Miguel de la Quadra Salcedo. Nos habíamos visto por última vez justo antes de los terribles sucesos del 11 de Septiembre. Al inicio de nuestra conversación me comenta refiriéndose al ataque en EE.UU.: "-esto parece otra galaxia, otro mundo desde que nos vimos hace unas semanas..., como tienes tu proyecto, ¿sigues adelante?".
Le respondo:    "- por supuesto Miguel". Su reacción, inmediata, me llenó, otra vez, de fuerza y emoción; "-me alegro muchísimo Álvaro, éstas iniciativas que nacen de la ilusión son muy positivas para nuestros jóvenes, y más ahora. ¡Adelante!" 

Desde el año 1993, cuando le pedí por primera vez consejo para realizar mi primer gran sueño marítimo, Miguel siempre ha estado ahí. El reto entonces era navegar en solitario (sin barco de apoyo), desde Sevilla a Génova (Italia) Fue un éxito y se logró un récord para la navegación española. Sus consejos, sabiduría y fuerza, regalados siempre desde la nobleza de su talante y espíritu, han sido para mí una fuente de energía fundamental en todas mis travesías. Por eso, Miguel preside el comité de nuestra travesía atlántica, lo que constituye un alto honor para mí y todos los que estamos intentando hacerla realidad. ¡Gracias siempre Miguel! 

Nuestra travesía se iniciará (D.m.), en Roma el día 23 de Febrero. El objetivo es intentar cruzar el Océano Atlántico a bordo de una pequeña embarcación de dos metros y medio de eslora. Probablemente el barco trasatlántico más pequeño... 

Va a ser la primera vez que se intenta a bordo de una moto acuática en la historia de la navegación. De lograrse supondría también un nuevo récord mundial. 

Para mí es un sueño perseguido desde que empecé en 1982 a navegar en éste tipo de embarcación. Ocurrió en América. Tenía veinte años y al navegar por primera vez en este "barquito" sentí enseguida que se convertiría en mi gran afición y deporte favorito. Lo primero que hice fue dar la vuelta a una pequeña isla. Enseguida tuve la sensación de relación total con la mar. El agua saltaba sobre mi. No navegaba sobre la mar, sino con la mar... Pensé que un día ¡cruzaría el Atlántico en esa embarcación! Durante veinte años he intentado aprender de la mar. He navegado mucho. Solo. Con el horizonte como testigo y el viento como acompañante he viajado sintiendo siempre que cabalgaba en pié sobre un alegre delfín. He tenido la suerte de vivir experiencias maravillosas; únicas en su intensidad y belleza. También he podido sentir el miedo, la angustia y el horror de la tragedia. Hace ahora tres años, un fortuito accidente, más terrible de lo imaginable, apagó durante muchos meses mi alegría por vivir. Creí que nunca iba a volver a navegar. Ni en la Mar ni en la Vida.. La desesperanza y frustración me atraparon por larguísimo tiempo. Fueron muchos meses de durísimo dolor. Interminables días de total soledad frente al horizonte cantábrico donde ya no quedaban ni las lágrimas que me ayudaran a sentir mi ser.. 

Pero por fin, con la ayuda de Dios un rayito de esperanza me animó. A ello contribuyó muchísimo los consejos y ánimos de mis buenos amigos (Kitín, Almudena, Javier, Fernando..) Una fría noche, volví a navegar. Viajé desde Ibiza a Mallorca. Solo, frente a la mar y a mis miedos. Desde entonces, estoy intentando recuperar la ilusión que tenía. Se que nunca lo conseguiré al cien por cien, pero la tentativa de cruzar el Atlántico me ayudará. 

Han sido muchos años de soñarlo. De preparación y aprendizaje. Ahora, escribiendo estas líneas, siento miedo de lo que me espera. Navegaré solo. Durante sesenta días en pié, porque navego siempre de pié para evitar lesionarme la espalda. Muchas horas al día. Catorce de media... El barco de apoyo me seguirá de lejos. Desde Roma al sur de Marruecos no veré prácticamente el barco. Costearé en solitario repostando combustible y comiendo en puertos. Entre Marruecos y Barbados navegaré mas cerca del nodriza. Sentiré la soledad mas absoluta. Meditaré junto a la naturaleza de Dios. Podré ver la mirada del Creador en la línea del horizonte infinito. Me enfrentaré a tormentas. El viento rugirá sin piedad sobrecogiéndome. Me caeré de mi embarcación muchas veces. Me levantaré una y otra vez... El agua fría helará mi cuerpo. La mitad del tiempo de navegación será nocturno; unas siete horas diarias frente a las estrellas. Los faros de costa se harán meta inmediata. Me cruzaré con barcos de todo tipo. Me acercaré a hablar con los pescadores que me mirarán dentro de la mirada regalándome toda su fuerza. Voy a sentir temor o sosiego cuando vea las ballenas, tortugas, atunes, medusas, tiburones, peces voladores, delfines... Me concentraré en mi rumbo, en no equivocarme y conservar la ilusión que me mueve en mi intento. Se que me voy a enfrentar a mil peligros. A sorpresas que no puedo ahora imaginar siquiera. Al frío intenso que desarbolará mi voluntad. Que me desmoralizará casi totalmente. Pero confío en que me quede el rayito de esperanza que me ayudó una vez. Ese que nos saca casi siempre a casi todos de tantas situaciones casi imposibles... 

Esta es una aventura importante para mí. También lo es para todas las personas que la apoyan desde tantos frentes. Se intentará un récord para la navegación española. Hay muchas personas que confían en las posibilidades de conseguirlo y que nos aportan constantemente su energía positiva. Somos conscientes también que hay personas que no valoran así nuestra iniciativa. Piensan que es lo que no es, porque no saben lo que es... En este caso, como en muchos otros, desconocen la realidad y no les interesa intentar aprender. Ya tienen su opinión larvada en su propia mente y temen reconocer una posible equivocación. Aún así se permiten opinar. No quieren, ni pueden, ni tienen que ayudarnos. Esta no es su travesía. Nuestro esfuerzo no se puede limitar en su limitación. Pero si les pedimos algo. A ellos solo les pido respeto. El respeto que merece toda iniciativa limpia. Todo esfuerzo que nace de la ilusión y se alimenta de la esperanza.

Un viejo navegante, marino de guerra de la Armada española me comentaba: "- Esta travesía será un éxito si se logra salir de Roma el día 23 de Febrero. Significará que lo habéis intentado" Creo que tiene razón; si llego a América, reconoceré humildemente que pude no haber llegado. Si no llego pensaré que pude haberlo conseguido. Pero nada de esto pasará si no lo intento. 

Ahora, confiados en Dios, zarpamos rumbo al horizonte. Rumbo Oeste, rumbo a nuestro sueño. Gracias a todos, amigos, por vuestra gran ayuda. Esperamos no defraudaros. ¡Lo vamos a intentar! 

Un fuerte abrazo, Álvaro